Toni KROOS que estás en el césped

Hay un movimiento patentado por el centrocampista más exacto de los últimos años que conecta con la teoría de la evolución. Para sobrevivir al paso del tiempo y a las bestias jóvenes y mal educadas que asolan los campos, Toni Kroos amaga de varias maneras en un gesto único antes de recibir: el cuerpo, la mirada y la pierna van hacia un lado pero todo está pensado para que en el momento en que el balón contacte con su pie, se acomode en dirección contraria. Es una forma de ganar tiempo y espacio (décimas de segundo, centímetros de segundo), para que la siguiente entrega, la continuación del fútbol puro de este hombre rubio, se produzca sin nubes delante.

Se le recordará por ese gesto entre los más cafeteros. El mundo lo asociará sencillamente a circuitos exactos. El análisis de los datos espaciales que genera su juego debe producir maravillosas visualizaciones que aún no hemos visto. Hay ahí un margen interesante para las realizaciones que no vamos a desvelar. La inteligencia artificial ya recomienda futbolistas como el alemán, que en el cruce más bonito de todos los posibles en Europa (Liverpool) demostró cuánto sabe, qué pena le va a dar dejar esto y qué importante es esta idea desacreditada de la superliga europea. Cuando el partido es de verdad, es decir, con dos porterías a las que se ataca y está presente un árbitro que solo conoce el juego y no dinero negro, el asunto se eleva.

Pocos jugadores disfrutan de ese estado de cosas como Toni Kroos, que ante el Chelsea volvió a celebrar que seguimos vivos y juntos. Vio equivocarse a Luka Modric un par de veces y apretó. Vio volar a Valverde y respiró como mentor satisfecho. En la posición de 5 (dónde está Casemiro) entregó un nuevo recital con y sin balón aquel día. Hubo un momento en que metió la pierna ante la joven promesa Joao Félix como nunca. Se llevó esa pelota con la determinación de un hombre desesperado por escribir un capítulo más, como si hiciera mucha falta, de esta bella historia.

“Se llevó esa pelota con la determinación de un hombre desesperado por escribir un capítulo más, como si hiciera mucha falta, de esta bella historia”

La de un jugador pensado para dirigir el Bayern de Munich 2.0 pero que un día decidió no esperar porque llamó el Madrid. No suelen ser llamadas perdidas esas, aunque hay de todo en la vida. Si no falla la memoria, dio la impresión de que su llegada motivó la salida voluntaria de Xabi Alonso en sentido inverso. Tener a un joven talento del Bayern con pinta de Schuster eran excelentes noticias. Perder a Alonso, palabras mayores. Escribimos las mejores cosas posibles sobre Xabi, que se llevó el viento digital, pero volveremos sobre él, como entrenador blanco seguramente. Pero estábamos en ese relevo: nada sencillo. Alonso pertenece a la élite europea, el anclaje total del mejor cinco posible que han visto los blancos contemporáneos con permiso de Fernando Redondo. El cerebro de Alonso procesaba rivales, compañeros y distancias con demasiada precisión. Su cabeza alta te metía en cualquier partido. Perder antes de tiempo a un jugador que llegó tarde no fue divertido.

Y empezó a jugar Toni Kroos. En corto, en largo, queriéndola siempre. Siempre en su sitio, siempre entregando bien, anotando con estilo siempre (y con rosca), regateando brevemente cuando hace falta, levantando la copa del mundo, tocando de primeras suave, hacia atrás, a un costado, haciendo que el balón trace una línea de avance para mover al compañero. Diciéndole: es por aquí, no te preocupes, nunca caminarás solo.

Es el valor de este hombre: siempre en su sitio, midiendo cada paso, siempre cerca, casi siempre tranquilo. De volante o de cinco. Un tipo que se peina antes de que termine la escaramuza o la asistencia a Vinicius. El amigo al que llamar en las dudas. Un hombre que parece que no corre (9,1km ante el Chelsea) porque Toni Kroos ya es sabio. No hace falta serlo para sonreír cuando escuchas que el Madrid será aplastado, pero si guardas cinco copas de Europa en la americana lo haces de otra forma.

Patente alemana. FOTO: Real Madrid.