ANFIELD y nada más

Pocas veces el Madrid ha recibido con tanto gusto la vuelta de la Copa de Europa, y no hablamos de 2022 ni de la liga en curso, acaso de su desprestigio. Poner pie en Anfield y disfrutar de todo el aroma que desprende el Liverpool FC reconcilia a cualquiera y le aleja durante un valioso tiempo del espectáculo nacional, donde sobornar a un jefe de los jueces deportivos durante años prescribe, el jefe de la federación se embolsa pluses a medida junto a un jugador en activo destacado y donde prima la portería a cero.

Normal que el Madrid de la Catorce haya desconectado y ya casi solo le hable al mundo -y el mundo atienda entusiasmado-. Normal que busque una nueva competición y se vista de gala para lo que importa: buscar la gloria en un entorno limpio y de altura.

El 2-5 habla del Madrid que ha agotado los calificativos y colmado la ilusión, pero no habla mal del Liverpool, que hizo lo que se esperaba, mostrar grandeza por encima de las circunstancias. La corona para Amancio, su arranque y el maravilloso tacón de Darwin, la nobleza de Salah al celebrar un gol regalado para un 2-0, la ausencia de patadas desleales y de hombres a los que solo el fútbol evitó la prisión, de racismo y violencia verbal, y el discurso de Klopp.

Amancio en Anfield. FOTO: RMCF

Todo en la escena inglesa sigue imbatible, una atmósfera que concentra lo sustancial: el espíritu del juego limpio al servicio de un juego veloz, sin interrupciones bobas, y con credibilidad, ese intangible que se va por el sumidero de otras competiciones como la española. Cierto que está ese juego limpio financiero como asunto distinto, no menor, pero confiamos en la legendaria accountability porque la columna debe continuar.

Cuando terminen de repasar lo que hizo asombroso a ese gol, recuerden en qué momento se produjo.

Hablaba de un marco difícil de mejorar al servicio del talento, que en la noche de Anfield encabezó Vinicius Jr, un delantero que no está en la terna de atacantes del año según la FIFA. El chiste se cuenta solo y se ríe la afición del mundo entero después de observar cómo este inagotable chaval empieza a dejar finuras que no le vimos a algunos grandes. El 2-1 es un gol colosal. Repásenlo, cuenten defensas, calculen espacios, ejecución y fuerza de disparo. Disfruten de la dirección que cogió esa pelota. Por dónde pasó, si de verdad supo verlo, cuestiones legítimas sobre un delantero dispuesto a marcar época en mitad del ruido y que no desfallecerá cuando se trate de levantar a su equipo. Porque cuando terminen de repasar lo que hizo asombroso a ese gol, recuerden en qué momento se produjo.

No olvidaréis aquel gol. FOTO: RMCF

No olvidaréis ese gol ni tampoco el último, pero siendo miniaturas hist´óricas, momentos estelares de la humanidad, lo que la gente no olvidará seguro es lo que le hace sentir este grupo de veteranos y noveles en cada minuto de juego europeo. Resistir, moderarse, atacar, esperar, morder, acelerar. El Madrid de Zidane y Ancelotti es una estación final, un catálogo completo de fútbol y vida que nos ha regalado Florentino – y nuestros padres. Solo siendo muy conscientes de esto puedes saborear mejor una ruptura de Modric que te deja tieso y que sabes que acaba bien, normalmente en los pies de Benzema.

Leyendas en Anfield. Nada más es necesario.