El Asombroso Gareth Bale

En plena ola de calor anti florentinista, la llegada del Asombroso Gareth Bale al equipo de Cristiano Ronaldo y Karim Benzema sirvió para anunciar el colapso futbolístico y quizá financiero del Real Madrid, por ese orden. El galés no se manejaba bien con la pelota, ni con los espacios reducidos, ni con la idea de España seguramente. El Madrid sí manejaba bien el dinero, pero esto le saldría caro. Porque Bale no sabía jugar al fútbol, venían a decir, y solo empeoraría las cosas. No solo no se podía comparar a Neymar. Era poco menos que un atleta cuyas carreras una tarde en San Siro jugando de 3 habían nublado el juicio de Pérez. La resistencia del Tottenham a dejarle ir solo era estratégica.

Insistieron con esto más o menos hasta la final de Mestalla.

Cinco Copas de Europa después (de acuerdo, quizá cuatro), su atletismo, su obra y su pronta dimisión dejan un rastro tal que las mismas voces aquellas han recuperado el lamento cuando lo cierto es que toda Europa busca fichar jugadores así. La retirada prematura de este superman, inesperada y decepcionante en Chamartín, indicaría que esto no fue para tanto y que finalmente no mereció la pena. Se trata del mismo esfuerzo, tan humano, que hacemos todos para encajonar los malos episodios que la vida nos trae.

Bale les trajo varios. No dijo públicamente que venía a entrenar para jugar los partidos de la Copa de Europa y alguna que otra final señalada. A la sombra de CR7, se limitó a lanzar carreras, zurdazos inéditos y goles históricos ante cada uno de sus agoreros hasta la obra cumbre de Kiev. Cuando Marcelo envió aquel balón, algo mejor que el melón de Roberto Carlos en Glasgow pero aún sin alcanzar la condición de asistencia, el 4×4 que lleva dentro Gareth Bale inmediatamente levitó y se puso al servicio de la Historia. Su cuerpo llegó casi en horizontal a la cita con el golpeo porque apenas tuvo tiempo.

Grandes éxitos. FOTO: Realmadrid.com

Cristiano Ronaldo vio el balón dentro y no supo exactamente qué había pasado, como todos nosotros y como todos ellos. No quedó más remedio que encomendarse al realizador para descubrir juntos y juntas uno de los mayores hits del futbol contemporáneo. A los madridistas se les reconoció por las manos en la cabeza. A los demás, tal vez por la mirada melancólica que sobreviene con las cosas supuestamente inexplicables, como que un hombre destinado al gripaje del Madrid firmase tal cosa enorme para doblegar al histórico Liverpool FC de Klopp.

No contento con esto, Bale decidió disparar desde su casa para lograr el tercero por pura intimidación con un misil inteligente, una trampa que el pobre Karius no vio venir. Aquella media hora grande fue paradójicamente la rúbrica final de este jugador singular, la manera de decirle al Madrid, a todo el sector, a su grada y a su entrenador, al que acababa de emular, que no estaba para debatir sobre citas señaladas y jerarquía. A partir de entonces, el guión fue caprichoso con el Madrid: sin Cristiano, tampoco podría contar con él.

Bale ha sido un futbolista muy moderno para los modernos y muy antiguo para los antiguos, como Florentino Pérez.

Entre tanto, asistimos a dolores, bajas recurrentes, el recuerdo de aquel maravilloso Robben, varios desencuentros y una pereza final por ser líder, por los rigores de la alta competición o por las dos cosas. Bale abrazó la buena vida sin esperar a los 36 ni a la finalización de su contrato. A punto estuvo de marcarse un Michael Jordan y jugar un año en el PGA Tour, aunque quizá a eso va a Los Angeles. Qué distinto plan a Qatar, por cierto, y que haya que explicarlo. Hasta en eso ha sido diferente. Gente que solo aprecia la calidad de determinadas noches y que, por tanto, renuncia al santuario del deporte y al corazón de los más firmes.

Gareth Bale ha sido un futbolista muy moderno para los modernos, que le acusaron nada menos que de atleta, y muy antiguo para los antiguos, como Florentino Pérez, un señor que conoce las dimensiones del campo y que no había olvidado a los zurdos osados y potentes (Gento, Puskas) cuando se empeñó en este chaval. «Le he querido mucho», dijo el señor antiguo. Una forma de decir que se había ganado la gloria del Bernabéu y del madridismo. Una forma de decirle a todo el mundo que tenía razón. Porque todos le hemos querido, que nadie mienta.

Y así fue.

Aterrizaje en la Historia. FOTO: Realmadrid.com