PARIS y el monopolio del corazón

A París se vuelve siempre, de muchas maneras. Quien haya paseado por esos bulevares y no haya sentido la grandeza urbana de ese racionalismo no es de este mundo. Allí ha pasado de todo. Allí murió el Ancien Régime, pero el Madrid vuelve hoy a buscar una nueva Copa, tres meses después de comparecer plano y superado en el barrio de Saint Germain ante ese equipo que se compró el emir de Qatar (PSG).

Aunque hay quien sostenga que todo empezó allí, con el penalti que Courtois detuvo a Messi (el argentino jugó aquel partido, y el siguiente), lo cierto es que la explosión se produjo en el momento en el que Luka Modric interceptó aquel pase de Neymar en Chamartín, ya de vuelta. El brasileño se movió aparentando agilidad y y precisión, pero su entrega fue un drama. Pudo ser el efecto de la atmósfera, ya encendida, o del propio declive de un jugador llamado a coronarse antes de tiempo. Seguramente, fueron las dos cosas.

Modric salvó la reacción desesperada del brasileño y se marcó un box-to-box que ya es leyenda, rodeado de millones de piernas y de euros. Cuando no pudo más (o eso creímos) se la entregó a Vinicius, como en los lugares donde te sirven bien, pero el brasileño tuvo que volver a pedirle algo. Modric se lo concedió. No te preocupes, he tomado aire, yo se la sirvo a Karim. 

La jugada cambió la Copa de Europa. Sin importar lo que suceda en la final de la Banliueu, en aquel 2-1 el Madrid se sintió ganador este año. La parálisis alcanzó a los jugadores de azul, todos con lustre pero ignorando que la pelota les duraría menos de 5 segundos tras sacar. El chispazo de Karim Benzema para el 3-1, pam, aquel toque con el exterior sin necesidad de mirar la portería, sacudió a los emiratos enteros, a la UEFA, a los algoritmos del dato, al delantero Mbappé, al solvente Verratti, al ausente Messi y por supuesto, a toda la audiencia y al Bernabéu, que se sintió ya cerca de la final. 

Como el Madrid lleva una década escuchando que son mejores otros, se acercó a Londres a ganar 1-3 al vigente campeón para recordarle al Chelsea que nunca es una suerte cruzarse. Benzema firmó dos cabezazos que ningún nueve puro ha conseguido nunca en un partido de tanto vuelo. Tuvo la mala suerte de encontrar el tercero y poner en demasiada ventaja al Madrid. Se gestionan mal los partidos de vuelta de esa manera, tan fuera de guión.

Cualquier equipo habría sucumbido, pero si tienes a Benzema en 2022 la vida te sonríe, aunque seas un balón cualquiera que ha mandado Mendy.

Lo sabe como nadie el croata Modric, balón de oro y de hielo, que mostró al mundo un nuevo tipo de asistencia emergiendo de nuevo cuando la vida marcaba un 0-3. Yo me encargo, treinta metros a pie cambiado no son nada. Rodrygo le dio las gracias, y se las dará ya para siempre. Aquella volea certificó que crecerá en este equipo, sin que nadie sospechara aún hasta qué punto se ha hecho cierta esa afirmación. 

Se anunció de nuevo que esta vez sí, un Madrid viejo y milagroso sería aplastado por otro emirato (City). Y ciertamente lo pareció al regalar dos goles en la ciudad de Manchester, sin tiempo para conectar las líneas del juego. Cualquier equipo habría sucumbido, pero si tienes a Benzema en 2022 la vida te sonríe, aunque seas un balón cualquiera que ha mandado Mendy. Karim le dará cariño y valor.

El Madrid tuvo la suerte de contar con un adversario radical como Guardiola aquella tarde. No contento con el 3-1 decidió que estaba bien dejarle 50 metros libres de campo a Vinicius con la presión alta. En su cabeza era espectacular pensar en un 6-1, pero se llevó un 4-3 al Bernabéu. El resto es historia. 

Cuando se habla de la suerte del Madrid la noche del 5-6 final, se olvida que la suerte también es que el Madrid tarde 89 minutos en marcarte en Chamartín. Pudo suceder antes (nadie recordará el relámpago del minuto 46), pero 6 minuti en el Bernabéu pueden ser suficientes, especialmente, de nuevo, si es 2022 (y está ya en el campo Don Eduardo Camavinga).

Por tanto, estamos donde queríamos. Escuchando que el Liverpool es más fuerte que el Madrid, la misma letra de los últimos cinco años. No solo tendrá que ser más fuerte, habrá de invocar todo lo que tenga a mano para doblegar a la banda de Modric ante su penúltimo baile. Es probable que piensen en el corazón. Quizá sea oportuno recordar entonces aquellas palabras célebres en pleno debate: “Vous n’avez pas le monopole du coeur”.

Cómo suena en francés.